Agroecología #1: El inicio, la preparación del suelo y la técnica de la doble cava

Este artículo inaugura una nueva sección en EcoCristal. Más allá de los terrarios cerrados, este año he empezado un proyecto real en la asignatura de Agroecología. Documentar este proceso me está sirviendo para entender a gran escala lo que luego aplico en miniatura dentro de mis tarros de cristal.

Primer día: La técnica de la doble cava

En la primera sesión, una vez zonificada la parcela, nos dispusimos a realizar la técnica de doble cava en nuestro bancal (el número 4). En un comienzo, las herramientas que seleccionamos fueron: una pala pequeña y recta, una horquilla de labranza grande, una horquilla pequeña y una azada pequeña.

Una vez seleccionado el material, diferenciamos 3 cubos: uno para la tierra, otro para las piedras y el último (y más importante) para el villano de hoy, la grama. Posteriormente, nos dispusimos a realizar un hueco en el bancal lo suficientemente grande como para poder facilitar el trabajo posterior, moviendo la tierra que íbamos quitando a dicho hueco. Para realizar esto usamos la horca grande de dos manos.

Una vez realizado el hueco inicial, empezó la doble cava pura y dura: mediante la pala se rompían 30 cm de la capa superior y mediante la horquilla se profundizaban otros 30 cm. La tierra recién excavada se depositaba en el hueco anterior progresivamente según íbamos avanzando. A esa misma tierra se la rompía con la azada y se le quitaba la grama (de momento a mano). Una vez interiorizado el concepto no nos costó dividirnos las tareas; mientras unos optaban por especializarse en la grama (mucho más tedioso), otros se especializaban en la cava.

Lombriz de tierra grande encontrada en el bancal

Imagen 1: Una de las muchas lombrices de tierra que fuimos encontrando.

Avanzamos a buen ritmo repitiendo este monótono trabajo, encontrando numerosas lombrices y larvas de escarabajo en el proceso, lo cual es siempre un excelente indicador de la salud y biodiversidad del suelo.

Curiosidad de la jornada: Había tanta grama y piedras que llegamos a creer que las rellenaban cada año a propósito, de tal forma que el responsable de quitarla fue bautizado por el grupo como "Gramaman".

Segundo día: Homogeneizando el terreno

El segundo día continuó el trabajo en el punto exacto donde lo habíamos dejado. Estábamos ya bastante familiarizados con el proceso: uno recorta con la pala, otro con la horca realiza la cava en profundidad, otro rompe la tierra y otro quita la grama (esta vez fuimos más inteligentes y utilizamos el rastrillo en lugar de hacerlo a mano).

A veces se rotaban las tareas para que no resultase demasiado tedioso. El ciclo se basaba en: abrir una nueva franja, trasladar la tierra a la franja anterior, remover la capa inferior con la horca para airearla y continuar avanzando hacia el extremo final del bancal. Además, priorizamos la utilización de tablas para pisar y no compactar más el suelo recién trabajado.

Larva encontrada durante la excavación del huerto

Imagen 2: Detalle de una de las larvas encontradas bajo tierra.

El proceso continuó hasta que llegamos al final del bancal, donde la concentración de grama era mucho mayor. Aquí la cava se hizo más difícil, ya que no queríamos pisar el bancal terminado y el ángulo para cavar era complicado. Al llegar al final, el hueco fue rellenado por la tierra almacenada en el primer cubo del primer día.

Una vez rellenado el hueco, terminamos entre todos de quitar la grama restante y homogeneizamos el terreno con el rastrillo, dejando la zona totalmente preparada para el cultivo.

Bancal de tierra de huerto completamente alisado y preparado

Imagen 3: Doble cava terminada y terreno listo.

Reflexiones finales y conexión con los terrarios

  • Vale más maña que fuerza, sobre todo a la hora de cavar.
  • El terreno estaba más compacto según avanzábamos ya que los bloques de arcilla hacían difícil su disgregación.
  • El rastrillo demostró ser una herramienta vital para recoger la grama de forma eficiente.

Lo que me llevo a mis cristales: Trabajar esta tierra me ha recordado lo importante que es la aireación y evitar la compactación excesiva. En un terrario no hacemos doble cava, pero la necesidad de crear un sustrato suelto (añadiendo perlita o corteza) cumple exactamente la misma función que el trabajo con la horquilla que hicimos hoy: permitir que las raíces respiren y que el agua drene correctamente.